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Sobre el Derecho y el Permiso

Últimamente se lee y se escucha en general sobre el derecho que tenemos las personas a cosas como ser feliz, que nos quieran, incluso a tener éxito.

La palabra derecho normalmente lleva intrínseco el concepto de garantía, de que es algo exigible, o sea, reclamable a terceros.

Así, podemos exigir que se nos trate con respeto, y que no sea así en algunos contextos y según de qué se trate, puede tener consecuencias. Pero ¿podemos exigir que se nos ame? ¿hay alguien a quién podamos reclamar nuestra felicidad?

Estaremos de acuerdo en que no.

Sin embargo, -y no dejando de ser cierto que tengamos derecho a ello- existe otro concepto más adecuado, realista y expansivo para con sentimientos y anhelos personales: el permiso.

Darnos permiso para ser felices nos pone en una posición más responsable, proactiva, nos puede conectar con nuestro poder personal, con la creatividad, con el Amor que ya vive en cada uno de nosotros, y con la confianza de que no necesito que nada me sea ofrecido de fuera.

Mientras el derecho nos posiciona en una energía de conquista, el permiso nos abre la puerta a la oportunidad y las posibilidad.

Si no te lo crees, te propongo el siguiente ejercicio: párate, cierra los ojos, respira profundo y conecta con esos anhelos que tienes. Dite “tengo derecho a…”, y observa cómo reaccionan tus músculos, tu respiración, tu postura corporal… Seguidamente vuelve a hacer lo mismo, y en esta ocasión dite “me doy permiso para…”, y observa de nuevo las reacciones en tu cuerpo.

¿Sientes la diferencia? Si quieres, puedes contarme tus observaciones en comentarios o bien por mensaje privado. ¡Gracias!

4 comentarios en “Sobre el Derecho y el Permiso”

  1. Es cierto creerse con derecho o exigir un derecho prepara mi cuerpo a ataque. Se tensa, me ha sorprendido la zona de pecho cerca del corazón. Permitir me ha puesto en una actitud más relajada. Toda la vida oímos hablar de derechos, confieso que aquí he de entonar el mea culpa. Me he acostumbrado a hablar así quizá por comodidad. Intentaré tener más cuidado.

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  2. Se siente la diferencia! Con el “me doy permiso para..” siento que entro en un espacio amable, fluido, armónico, en el que puedo perseguir lo que dedeo desde la inspiración y el querer (y no el tener o deber)

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