¿Qué puedo ofrecer yo?

Hoy voy a hablar de las relaciones de pareja, y voy a contaros sobre algo en primera persona.
Hace algunos años terminé una relación larga. Después de aquella ruptura y hasta conocer a mi pareja actual, me pasé 7 años soltera.

Durante ese tiempo hubo relaciones pasajeras, aventuras y amores imposibles, así que me pasé aquellos años, entre relación y relación, a ratos cerrando heridas (algo que agradezco profundamente) y a ratos aprendiendo a disfrutar de mi soledad. Fue a los 2-3 de los 7 años cuando empecé a preguntarme a mí misma qué tipo de relación quería tener. Y cuando digo “tipo de relación” no me refiero a la forma (convivencia, boda, hijos, etc.) sino a los pilares que la sustentaran: confianza, comunicación, libertad e independencia, buen humor y amabilidad ante la vida, entre otros. Seguidamente surgió otra pregunta “¿estoy yo preparada para aportar y sostener el 50% que me corresponde de una relación de estas características?” y la respuesta apareció tajante: “ni de coña”. Así que me propuse trabajar en mí misma, en mi propia confianza en la Vida, en mi libertad, en el desapego, en una comunicación amable conmigo misma, en la capacidad de cuidarme y ocuparme de mí (estaba dando el primer paso)…

Lo tuve claro: no puedo hacer que un hombre emocionalmente maduro aparezca en mi vida, pero sí puedo hacer lo posible para que, si aparece, podamos sintonizar para que esa relación funcione tal y como yo deseo, y eso pasa por conectar con todas esas cualidades en mí misma.

No ha sido fácil, fue una carrera de obstáculos de varios años, muchas lágrimas, abandonos, sentimientos de inutilidad, desesperación, ansiedad… pero siempre, siempre, la mirada dirigida a mí misma, y si la dirigía a las circunstancias y hombres que me encontraba, era para preguntarme “¿qué me están queriendo decir de mí?”.

Supe que iba por buen camino porque cada vez me encontraba con hombres más íntegros, responsables, maduros, independientes y, sobre todo, con una gran amabilidad ante la vida y respetuosos conmigo, aunque las relaciones no prosperasen.

Un buen día, ya harta, me pregunté “¿qué me impide encontrarlo? ¡Si estoy lista!” Y supe que sólo me faltaba dar por fin permiso al Amor para entrar en mi vida. Parecerá una chorrada, pero es importante entender esto: a veces estamos tan enganchadas al desamor, al rol de víctima de abandono (o de lo que sea), que la identificación con ello es lo suficientemente fuerte como para bloquear el cambio que deseamos en nosotras y la incorporación de un nuevo paradigma que rija nuestra vida.

Hoy soy feliz con mi pareja. No siempre es sencillo hacerla funcionar, ya que en el tiempo de relación que llevamos nuestras respectivas vidas han cambiado una inmensidad. Pero confiamos plenamente el uno en el otro, es decir, en que cada cual está poniendo lo mejor de sí mismo en ese momento, al servicio de la relación.

Al final se trata de comprender la única certeza que tenemos, y es que la única persona que va a permanecer contigo para siempre y sobre la que puedes decidir, eres tú mism@.

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