Dejar ir los anhelos

¿Qué son los anhelos?

Son todas esas cosas que nos gustaría tener en nuestra vida pero que no tenemos. Pueden ser cosas que en su día tuvimos y perdimos, o cosas que no han llegado a concretarse hasta ahora.

Cada cual tenemos los nuestros. Puede ser la práctica de un deporte, vivir en la naturaleza, viajar, o formar una familia.

El anhelo en sí mismo no tendría porqué ser un problema, ya que en buena parte es el motor de nuestro cambio.

El problema viene un cuando tenemos la expectativa de que nuestra vida sería mejor de lo que es, y/o que nosotros seríamos más felices si eso se llegase a concretar. Es decir, parte de nuestra identidad, de quienes somos (o, mejor dicho, de quienes creemos que somos) la vinculamos a la concreción de esa ilusión o fantasía que tenemos y, si no se da tal y como nos la contamos, nos quedamos de algún modo incompletos, ya que el no-logro de nuestras metas suele generarnos sentimientos y tensiones como dolor, vergüenza, sensación de insuficiencia, etc.

Además, esa búsqueda muchas veces se convierte, no en la motivación para el cambio que he mencionado antes, sino en una lucha interminable entre lo que tengo y lo que deseo, entre lo que creo que soy ahora y lo que creo que seré cuando lo consiga. Y esas luchas siempre nos hacen polvo: es una forma sutil de maltrato hacia nosotros mismos y de autosabotaje hacia todo aquello que sí tenemos o tendríamos en nuestra vida, pero que descartamos por permanecer obcecados.

De lo que se trata, por lo tanto, no es de renunciar a esa ilusión, sino de desprendernos de la idea de que nuestra felicidad depende del logro de la misma.

Para poder recuperar la energía que hemos dejado vinculada a esa fantasía, es importante que nos despidamos de ello, de esa parte nuestra que relacionamos directamente ella, y que también lo hagamos de esas personas que forman parte de la misma (una pareja, hijos…).

Por otra parte, será necesario indagar qué esconde ese anhelo, qué significado tiene para nosotros que ese logro se haga realidad: a veces es cumplir con tradiciones o mandatos familiares, o con juramentos que nos hicimos en algún momento, o con un estilo de vida que sentimos como ideal en nuestro entorno.

Transitar este camino de autoconocimiento nos permite darnos cuenta de que lo que tenemos en la vida es la expresión de nuestras creencias más inconscientes. Y para poder manifestar algo más acorde a lo que deseamos, primero tenemos que saber en profundidad lo que creemos y, después, lo que somos. Y te aseguro que lo que eres está bastante lejos de esa que crees que serías si lograras tu ilusión.

En el proceso de despedida podrás ampliar la perspectiva y conectar con la certeza de que esa plenitud que sientes en tu fantasía te pertenece, y es intrínseca a tu propia luz, por lo que no depende de nada externo y, por lo tanto, podrás experimentarla y manifestarla de igual modo en otras realidades que te toque habitar.

Porque dejar ir es estar en paz con lo que fue y con lo que es. Dejar ir es decir hola a lo que será.

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