Reflexiones Ven que te cuento

Balancear las energías para sanar

La vida es jodida, sí. Te zarandea con acontecimientos imprevisibles, pérdidas, conflictos y un sinfín de situaciones dolorosas.

Y es normal que cuando te plantean hacer terapia digas “uffff quita, quita, no estoy tan mal”. Porque intuyes (e intuyes bien) que se van a remover los lodos que, más o menos, consigues que queden al fondo de tus pantanosas aguas emocionales.

Por eso no me gusta hablar tanto de terapia, y lo veo más como un viaje de sanación interior. Y no es por maquillar el concepto para que suene bonito.

Es que cuando se habla de sanar no es porque estés enferm@, sino porque tienes heridas en tu memoria (emocional, mental, física….) que te han ido haciendo mella, y todo en la vida necesita regenerarse (nosotr@s también), parando y dándonos el tiempo para ello, sobre todo quienes viven en una carrera hacia adelante.

Ese proceso introspectivo necesita hacerse balanceando una actitud incisiva y contundente para indagar en lo necesario y afrontar con valentía, con otra más blandita que te permita hacerlo con mimo y autocuidado del bueno, del que sabe recogerse con responsabilidad.

Es como ir acompañada del guerrero estratega y de la amiga guay que te lleva el tupper cuando estás enferma, a partes iguales.

Escritura, muñecos y hemisferios

En el momento de escribir ponemos en juego los dos hemisferios del cerebro, el izquierdo, cuya función es analítica y lógica y rige el lenguaje, y el derecho, que conecta con la intuición y tiene una función creativa y capacidad de abstracción.

Eso nos permite movernos en los planos intangibles del mundo interior a la vez que lo masticamos y comprendemos. Escribir terapéuticamente no es solo “expresar las emociones”, también es analizar lo que se expresa y cómo se expresa, diseccionarlo, decidir qué soltar, qué quedarme, e “incluir” narrativas y relatos sanadores que nos ayuden a crear nuevas percepciones de los acontecimientos. Decían Michael White y David Epson, creadores de la terapia narrativa, que «las personas dan sentido a sus vidas y relaciones relatando su experiencia», y la escritura facilita el acto creativo de la narración.

Los muñecos, además, generan escenas que representan y facilitan esa actitud indagadora, permitiéndote observar lo que de otro modo es demasiado difícil, tanto por la falta de perspectiva como por el exceso de emoción.

Y el hecho de que el proceso sea guiado favorece la función incisiva, de cara a afrontar el proceso mismo. Ya se sabe que en compañía se llega más lejos…

Ocuparte de ti

Todos estos elementos, en conjunto, son sanadores a la par que implementan la intuición.
La sanación debe afrontarse con voluntad pero sin prisa. Porque las prisas entorpecen el proceso mismo.

Esta manera te permite transitarte con un autocuidado que te deja descansar sin descuidarte. Te permite recogerte en casa para seguir limpiando y aireando las estancias.

Está claro que a menudo (porque hay excepciones) no hace falta estar 10 años yendo a terapia semanalmente, pero pretender reordenar tu historia sin dedicarle tiempo, y una combinación de estas dos energías, es una fantasía sin fundamento.

Eso sí, si aprendes a manejarte con la escritura intuitiva y sanadora, podrás recorrer buena parte del camino por ti mism@. Escucharte con atención, y atenderte con compasión.

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